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| Erwin Schröedinger, Homo sapiens |
What is life?,
se preguntaba el físico alemán Erwin Schröedinger (aquel que medio mató a un
gato) en su pequeño manuscrito, intentando dar una respuesta no emocional al
asunto. Aunque sus conclusiones no tuvieron mucho éxito más allá de los
círculos científicos. ¿Qué iba a saber de la vida un genio de la mecánica
cuántica, pensaron probablemente poetas, teólogas y todólogas? Pues sabía mucho
el viejo, y con su tirón de orejas puso las pilas a las siguientes generaciones
de científicas (a partir de ahora en femenino, refiriéndome a personas), sobre
todo de biólogas, bajo la premisa de que para investigar las manifestaciones de
la vida primero tenían que saber en qué consistía esta.
Cuesta un poco
dar importancia a la vital pregunta. Siempre nos ha interesado más cuestiones del
estilo “qué es la muerte”, “qué pasa cuando nos morimos”, “cómo se puede amar y
odiar” o “cómo pagar la hipoteca cuando el paro está a punto de acabarse”. Nos
preguntamos sobre las incertidumbres, sobre lo que nos angustia. Al estar vivos
relegamos la gran pregunta a un estante olvidado de nuestra memoria. Del mismo
modo que valoramos la comida cuando tenemos hambre, la libertad cuando estamos
encerrados o la compañía cuando estamos solos, la vida en sí, por desgracia,
cobra sentido cuando ya se es demasiado tarde.