sábado, 5 de octubre de 2013

Guirres: Desvaneciéndose en el aire

Todas las fotos del artículo las saqué con mi Canon EOS 1100
A finales del siglo XIX, el naturalista F.D. Godman llegó a ver 14 ejemplares sobre un cadáver de mula en las cercanías de La Laguna. Durante la primera mitad del siglo XX era visto en abundancia por Vilaflor, Santa Úrsula, Los Silos y Guía de Isora. En los años sesenta apenas aparecía en Bajamar y Valle de la Orotava. En los setenta estaba prácticamente confinado a los macizos de Anaga y Teno. A principio de los ochenta ya era muy escaso, habiendo dejado de reproducirse en Anaga. En 1984 sólo quedaban tres individuos en Teno, viéndose en esta zona por última vez en 1985. El último avistado en Tenerife planeaba en los altos de Chío un 26 de Febrero de 1989. Desde entonces Tenerife jamás ha vuelto a presenciar el vuelo de un guirre.

Gran Canaria poseía también una gran población, pero corrió la misma suerte que la de Tenerife, y curiosamente en Fuerteventura, su actual bastión, era considerado común aunque sin llegar a las altas densidades de las islas centrales.

Las causas del declive de esta especie son tristemente conocidas, aplicables a muchas otras especies animales durante el siglo XX: La industrialización de las islas, el desarrollo turístico desaforado, el aumento de la población humana, la electrificación rural, la reducción de la ganadería o el empleo masivo de pesticidas, etc., llevaron al guirre o alimoche (Neophron percnopterus majorensis) al borde de la extinción en el archipiélago. En  menos de 50 años desaparecieron de la mayoría de las islas, quedando a finales del siglo XX un 10% de la población original acuartelada en la desolada isla de Fuerteventura.



Este buitre de gran tamaño, con casi 1,65 metros de envergadura, una altura de 70 centímetros y dos kilos de peso, se alimenta principalmente de cadáveres de ganado y pequeños animales muertos. Sin embargo, su carácter oportunista le permite salirse de su fama de carroñero, comiendo además basuras domésticas, insectos y huevos, llegando incluso a cazar pequeños animales.

Es la única rapaz carroñera de Canarias, donde ha sido muy beneficiosa para el ser humano, ya que limpiaba el campo de animales muertos, evitando así la propagación de enfermedades y la contaminación de las aguas.

La población de Fuerteventura es sedentaria, y sus individuos se agrupan para dormir en tendidos eléctricos, una de sus principales causas de mortalidad. Sin embargo, en la época de reproducción, a partir de enero, empiezan a ocupar sus territorios de cría, defendiéndolos activamente, aislándose en parejas.

Construyen sus nidos aprovechando cuevas, repisas u oquedades en cortados inaccesibles o acantilados. Suelen poner dos huevos en abril, incubados por la pareja durante 42 días. Por regla general sólo sobrevive uno de los pollos, el primero en nacer, que vuela 75 días después, hacia mediados de julio. Tras un corto periodo de aprendizaje, los jóvenes se independizan por completo de sus padres. Con suerte pueden superar los 30 años.

El guirre adulto posee una coloración general blanquecina, en contraste con sus primeras plumas alares negruzcas, así como una peculiar cara desnuda de un vivo color amarillo. Su pico largo y curvado de punta negra es muy útil para arrancar pequeños trozos de carne de los animales muertos de los que se alimenta.

Estación biológica de la Oliva

El guirre joven difiere mucho del adulto. Es de tonos marrones y oscuros con las puntas de las plumas marrón claro. La cabeza y el cuello presentan la piel gris azulada. Alcanza la madurez sexual a los 5 años.

En el vuelo es inconfundible, con su plumaje blanco y negro, de largas alas apuntadas, y cabeza pequeña en la que destaca el pico. Es un hábil planeador que puede pasarse horas en el aire sin apenas mover las alas, a modo de una gran cometa, aprovechando las corrientes ascendentes de aire caliente.

Los análisis genéticos han confirmado que la población canaria de guirres está diferenciada hasta el punto de las continentales que se considera como una nueva subespecie endémica, denominada Neophron percnopterus majorensis.



En el año 1998 se iniciaron los trabajos de seguimiento de esta especie, y con la aparición de los primeros datos sobre el estado de conservación de la misma se activó la alarma ambiental. En 1999  se censaron únicamente 150 ejemplares. Este hecho no hizo más que confirmar lo que todo el mundo sabía, que el guirre canario estaba en peligro de extinción. Por algo tiene el injusto mérito de estar  catalogado como “en peligro crítico de extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y como “en peligro de extinción” en el Catálogo Canario de Especies Protegidas.

 Lo que se necesitaba por lo tanto era actuar con urgencia, salvar de la extinción a tan emblemática ave con serios y continuados programas de recuperación. Desde el año 1999, la Estación Biológica de Doñana, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, lleva ejecutando con el Cabildo majorero diversos programas de seguimiento de la población de guirres que han servido para comprender los peligros a los que se enfrenta, así como para vislumbrar las medidas a tomar para la recuperación.

Estación Biológica de la Oliva

Un impulso mayor en la protección del guirre fue la puesta en marcha en 2004 de un programa de conservación a través del proyecto europeo LIFE, financiado con fondos comunitarios. De toda esta gran labor de investigación se pudieron conocer las distintas causas de mortalidad no natural que habían estado diezmando la población de esta rapaz carroñera:

Tendidos eléctricos. Era la principal causa de mortalidad no natural del guirre. Los accidentes se producían por electrocución, colisión o enganche. Hay que tener en cuenta que hasta hace algunos años, la mayoría del territorio insular majorero permanecía deshabitado, sin acceso a  corriente eléctrica.

Intoxicación por plomos de caza. Muchos guirres morían por ingestión de perdigones embebidos en piezas de caza no cobradas. Las intoxicaciones agudas causaban la muerte, mientras que la exposición crónica afectaba negativamente al éxito reproductor, comportamiento y respuesta inmune.

Estación Biológica de la Oliva

Envenenamientos ilegales. Los cebos con veneno son muy fáciles de conseguir, ya que no son más que los habituales pesticidas agrícolas que se pueden comprar en tiendas del sector. Aunque son inocuos cuando son utilizados siguiendo las instrucciones del fabricante, pueden desgraciadamente ser convertidos en indiscriminados venenos que lo mismo matan por ingesta a un niño, un perro, un ratón, o un guirre, como muchos análisis forenses han constatado. En Fuerteventura los usan propietarios de explotaciones ganaderas, los cuales creen que los cabritos recién nacidos son víctimas de perros asilvestrados, aguilillas, gaviotas y cuervos. También se usan en agricultura contra las cabras que andan sueltas por la isla.

Molestias humanas en las áreas de nidificación. Los guirres, como cualquier otra gran ave rapaz, necesitan tranquilidad en la época de cría, de lo contrario pueden abandonar los nidos con las consecuencias fatales que ello conlleva para los huevos o polluelos. Se ha comprobado que algunas actividades recreativas en Fuerteventura como la caza, el senderismo, la conducción de motos, quads o boogies, han impedido la reproducción de algunas parejas de guirres en determinadas zonas durante la época de cría.

Reducción en la disponibilidad de alimento. La actividad ganadera ha disminuido mucho en las últimas décadas. En el pasado los guirres tenían abundante comida de las cabras que morían en campo abierto, así como de las que morían en las explotaciones ganaderas y eran  tiradas en lugares cercanos. A la disminución de esta actividad se le suma el hecho de que la ley ahora exige que los animales muertos deben ser llevados a centros especiales de gestión de residuos, sobre todo después de la aparición del mal de las vacas locas.

Comedero de Guirres de Tiscamanita

Tras el trabajo de censo y análisis de las amenazas para la especie, el esfuerzo de los planes de recuperación se centró en el desarrollo de las siguientes intervenciones:

Se instalaron dispositivos salvapájaros en los tendidos eléctricos.

Se vigilaron las áreas de cría para reducir los fracasos reproductivos, regulando en ellas actividades de caza, fotografía, observación, excursionismo y turismo.

Zona prohibida al público durante la época de cría

Se desarrollaron campañas de sensibilización de la opinión pública mediante la edición de material divulgativo y de actividades específicas dirigidas a distintos sectores de la población local, sobre todo a los colectivos de cazadores y ganaderos, con el fin de evitar la presencia humana en las zonas y épocas de cría y eliminar el uso de plomo y venenos en el medio. En particular cabe destacar el trabajo desarrollado por SEO/BirdLife, la asociación ornitológica que más se ha volcado en la conservación de la avifauna majorera.

En colaboración con las dos universidades canarias, se han creado instalaciones que albergan aves irrecuperables para el medio, con el fin de ampliar el  “stock genético” de la especie. Son el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Tafira en Gran Canaria y la Estación Biológica de La Oliva, donde se encuentran ejemplares accidentados que por sus patologías no son capaces de valerse por sí mismos en el medio natural. Estos individuos constituyen una reserva genética de la especie y participan en los estudios que continúan llevándose a cabo para su cría en cautividad.

Se ha asegurado la disponibilidad de alimento para la especie con la instalación de un comedero que desde el año 2007 viene funcionando en Tiscamanita, el cual es abastecido regularmente con restos cárnicos del matadero insular.

Comedero de Guirres de Tiscamanita

Catorce años después de las primeras actuaciones, la población de guirres se ha salvado por el momento de la extinción. Gracias a las medidas anteriormente mencionadas, los territorios ocupados a día de hoy (zonas de emparejamiento y reproducción), son más del doble de los que eran en el año 2000, lo cual indica que un alto volumen de parejas que se está reproduciendo y que por el momento aseguran una población estable de la especie.  Según los informes que elaboran anualmente las investigadoras de la Estación Biológica de Doñana, si en 1999 se censaron 150 ejemplares, en 2012 la población de la especie ha alcanzado los 270 individuos.



Aún así, sin dejar de reconocer el éxito de los programas de recuperación, todo un ejemplo de rigurosidad científica e investigadora, creo que estamos todavía lejos de afirmar que el guirre canario se ha salvado de la extinción. Estas medidas necesitan continuidad en el tiempo, y esto sólo se consigue si la concienciación ciudadana aumenta, si la voluntad política sigue aportando el dinero. Si el desarrollo humano, a fin de cuentas, logra ser compatible con la viabilidad a largo plazo de los ecosistemas naturales.

Dicen que el antiguo pueblo majo tenía una leyenda sobre su ave sagrada: Cuando un guirre sentía la muerte, volaba alto hacia el cielo y se desvanecía en el aire. Ojalá no se desvanezca para siempre.

1 comentario:

  1. Precioso reportaje y preciosas fotos del vuelo, especialmente esta última... que te deja el corazón alado.
    Por razones sentimentales, o por ataduras naturales que no llego a entender, me llama especialmente la atención el Guirre, y como tú, como tantos, comparto el sueño de su supervivencia.
    Gracias por compartir.

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